La simplicidad como manera de afrontar la vida diaria.
La trampa de la perfección: cuando el bienestar se vuelve exigencia.
Vivimos en una época donde el bienestar parece una obligación más. Se espera que las personas —especialmente las mujeres— sean profesionales eficientes, sostén emocional, cuidadoras y, además, expertas en autocuidado.
El resultado es una agenda saturada: entrenamiento constante, alimentación “perfecta”, prácticas de mindfulness y rutinas de skincare extensas que prometen resultados inmediatos.
Lo que debería ser disfrute se transforma en presión. El autocuidado deja de ser una elección y pasa a ser una tarea más en la lista diaria.
La nueva exigencia estética del bienestar.
A esto se suma una cultura del wellness que muchas veces impone un ideal inalcanzable.
El concepto de “pro-age” mal entendido empuja a una búsqueda constante de mejora, en lugar de promover la aceptación y el cuidado real.
Invertir tiempo, dinero y energía en “hacer más” se presenta como sinónimo de salud, cuando en realidad puede generar más estrés.
La simplicidad como acto revolucionario.
En un contexto de sobreexigencia, elegir lo simple es una forma de rebeldía.
Distintas miradas contemporáneas coinciden en una idea clave: el verdadero lujo hoy es el tiempo. Tener tiempo libre, descanso mental y espacio para el disfrute impacta directamente en la calidad de vida.
La pregunta es inevitable:
¿Y si el bienestar no estuviera en sumar prácticas, sino en quitar lo que sobra?
El manifiesto Craig: elegir lo esencial.
Elegimos la calidad de los ingredientes por sobre la cantidad de productos. Defendemos el derecho a rutinas cortas, honestas y sostenibles. Rebelarse a la hiper-rutina es elegir una práctica que acompañe, no que genere ansiedad.
El ritual de skincare minimalista como herramienta de liberación.
Menos no es menos efectivo. Al contrario.
Una rutina simplificada permite entender mejor qué necesita la piel, reducir la posibilidad de irritaciones y potenciar la acción de los activos. Tres pasos bien elegidos pueden generar más bienestar que diez impuestos por tendencia.
Tres pasos para abrazar la simplicidad hoy
Hacé una auditoría mental
Identificá qué práctica de “bienestar” te genera más culpa o estrés. Simplificala o eliminala por una semana.
Volvé a lo esencial
Definí tus básicos. Lo demás es opcional.
Practicá la autocompasión
Hablate con amabilidad. El cuidado que nace del deseo siempre es más sano que el que nace de la obligación.
Elegir la simplicidad también es cuidarse
Te invitamos a rebelarte contra la exigencia constante y a elegir una forma de cuidado más liviana, honesta y posible. La simplicidad puede acompañarte en cada práctica cotidiana.
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